La noche acecha

Antiguamente queridos lectores, este espacio cutre salchichero donde los haya, tenia historias interesantes de mi cutre vida. Pero desde que me lié ya he perdido ese encanto perdedor que me hacia objeto de risas por todo el personal que se pasaba por aquí.

La verdad que no echo de menos mis anteriores penurias. Los únicos que han podido resentirse de mi abstinencia de pareja, puede ser la colección de porno y las yemas de mis dedos al teclear.

Pero hay veces que pienso en mis etapas de vivencias nocturnas y no sé porque, siempre me acuerdo de todo lo malo. Todas las tías que te acercabas y salían corriendo como si hubieran visto a rappel en tanga, los cubatas de forralla reembotellada que llegaba a beber a la noche, la gente que cuidabas totalmente alcoholizada, o simplemente las noches que salías solo por la calle porque te aburrías de endurecer los callos de tu mano.

Años y años después, todo el legado de estas historias, quedarán para mis hijos u/o nietos putativos o de relaciones esporádicas. Si son mayores, perfectamente les aconsejaré de como no irse por el lado oscuro. De no drogarse o si lo hacen comprar buena farla en el bar donde el moro que te atienda no se llame Mojaméh.
Lo que si no intentaré embaucar es a un friki. Yo puedo ser algo friki pero en mi punto justo. En el colegio, donde recibía ostias por doquier, cuando podía zumbar alguno ese mismo ha acabado siéndolo.

Claro está, todos los que nos pegábamos, no acabábamos así, solo unos pocos. Concretamente, que sepa yo solo y poco.

Pero a parte de esto y mientras oigo relinches de la parienta en la cama, me doy cuenta que me hago más mayor que de costumbre. Antes solía hacerme mayor con más estilo. Hacía fiestas con pijamas, chuches en bolsas y tartita de cumpleaños. Ahora en este último, ni mis padres estuvieron porque las vacaciones son sagradas y encima para una pseudofiesta que monto, la vecina, que empezaré a reseñar como “la cotilla de los cojones” o coti, me dio por el culo, justo en el momento que me encontraba harto de negrita y bocadillos de nocilla en mi cuerpo.

La coti de los huevos, tiene un sentido arácnido cruzado con fairy, que es capaz de oler, cuando alguno de la familia se está moviendo con el sigilo de una puta en los dormitorios de la legión por la casa y se dirige a salir por la puerta. Automáticamente su sistema arácnido trepa por todo el cuerpo hasta llegar al occipital y el bulbo raquídeo que se encarga de dar las ordenes de esta manera:

1. Deja todo lo que estas haciendo
2. Sal zumbando a la ventana
3. Abre la venta y sube en su defecto la persiana.
4.Cotillón y barra libre

No si tocar los cojones, Solo la supera el hijo. Adivinen el nombre. Si, lo están pensando y van a acertar. El Richard.

Con una planta de Maria, que supera los 2.40 de alto y que se cuela por nuestro jardín. Con un tatuaje de Camarón y de la cabeza de su madre en el otro costado, Richard me demuestra los sábados por la mañana, que los chunguitos y los chichos tienen más derechos de ser versionados por famosos, que por yonkarras con el mono mañanero.

Encima los hijos de puta, cuando montas una cosa una vez al año y te dan por el culo.

En fin. Esta semana por estos lares es la semana cervantina, así que acecharé con la cámara a ver lo que retrato por ahí. Y de paso me comeré alguna cosilla nueva que encuentre en los mercadillos.

need relax :$

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