Con cara de gilipollas

Solo hay un tipo de expresión que he odiado poner alguna vez en mi vida. Suelo ser bastante expresivo y algunas veces tonto del culo a la hora de hacer cosas o realizar cualquier gesto. Cuando veo un niño, casi siempre, suelo hacerle caras y suelo recibir dos tipos de mirada de los parientes cercanos a el. Una es la cara de “Ay mira las cosas que le hacen a mi niño, que majo” o “Este tipo parece un mono de feria”.

De todas las expresiones faciales y gestuales que suelo hacer, hay una que especialmente odio y que solo me pasa en situaciones como la que vivo cuando alguien me toma el pelo descaradamente o pasa absolutamente de mi.

Y esa cara es la archifamosa Cara de gilipollas.

La Cara de gilipollas tiene varias fases dentro del mismo gesto y según como se vaya produciendo la acción del momento. Al principio cuando no te empiezas a creer lo que está sucediendo, subes las cejas para arriba y bajas la cabeza como un pigmeo en busca de un pescado.

Después si el transcurso del gesto ocurre una situación aguda, por ejemplo, que tu novia se cabree como una mona porque tu tengas que estudiar, trabajar e intentar sacarte algo por lo que has pagado 1000 euros, y empiece a pasar de ti como si fueras el vecino del quinto, comienza la fase de Pseudo-pasmarote-incredulo. Tu gesto comienza a moverse como si fuera la cara de un payaso de Micolor en un bukkake. Con la boca totalmente abierta y con el pensamiento fijo en tu neurona principal, “No me lo puedo creer que esto me pase a mi”.

Pero el momento del súmun del famoso gesto es la reacción final al gesto de pasmarote anterior, cuando te dicen, “No me pongas esa cara”, ahí es cuando llega la fase, ¿Pero que coño?. Tu nivel de incredulidad pasa a cotas estratosfericas, y comienza la caída de toda tu cara, en cara de entierro.

Esta última fase es la más denigrante para un ser humano. Darse cuenta que, es débil y que tiene que defenderse de manera gestual. Por lo tanto como buen adulto que uno es, pone cara de haber machacado a 3 gorilas de discoteca, se da la vuelta y entra en el bucle gestual-depresivo Enfadica. Yo contra el mundo. Sale pitando de la situación y sopesa que simplemente en esta vida, hay momentos que uno le ponen de gilipollas y otros que se lo hace.

Simplemente es cuestión del espacio-tiempo, o que directamente se es un gilipollas redomado.

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